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Franciscanismo

Dice fray Lázaro Iriarte:

San Francisco de Asís experimentó como ningún otro fundador la invasión del “espíritu del Señor”, tanto en su vida personal como en su misión de iniciador de una forma nueva de vida. De esa experiencia le venía la seguridad en el camino emprendido en la interpretación dada por él al seguimiento de Cristo, afirmada con tanta fuerza al dictar su Testamento: “El Señor me dio el comenzar de esta forma la vida de penitencia…” Hasta siete veces repite la misma expresión: El Señor me dio, el Señor me reveló.

Carismático consciente, el Poverello no sintió ni por un momento la tentación de sustraerse a la Iglesia visible. La sola idea de que sus hermanos, ensoberbecidos con el don del Espíritu pudieran salirse de la obediencia jerárquica, como tantos reformadores de entonces, le alborotaba el ánimo (Rnb, 19; Test.). Por eso tuvo prisa por someter a la aprobación de la Iglesia romana el carisma del fundador: “Dios me reveló que debía vivir según la forma del santo Evangelio…, y el señor Papa me lo confirmó” (Testam.)

Veía en esta sujeción la garantía insustituible de la fidelidad al mismo ideal evangélico: “Así, sometidos y sujetos a los pies de esta santa Iglesia, cimentados en la fe católica, guardemos la pobreza y humildad y el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, que firmemente hemos prometido” (Rb II, 12).