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Historia

Una síntesis de nuestros orígenes

En Colombia, en un lugar apartado llamado La Uvita – Boyacá, en el año de 1998 en busca de una mayor radicalidad en la forma de vivir el carisma franciscano, un reducido número de hermanos y hermanas, inician la vivencia de una experiencia de oración, fraternidad, entrega, servicio y sacrificio que llegará a ser uno de los medios que Dios use para que muchos reencuentren el sentido de su vida cristiana y retornen a la vivencia madura y radical de su Bautismo.

El compartir sencillo con los campesinos y la vida sencilla de los primeros miembros llama la atención de quienes observan, sin ninguna estructura la vivencia de la fe es la plataforma donde se construye toda una experiencia de seguimiento.

En dialogo con el párroco del lugar se ve la providencia de Dios al facilitar los medios para presentar al Obispo esta experiencia y contar con su bendición, el valor de esta experiencia radica en la importancia de hablar a las personas sobre el gran don del Bautismo y la necesidad de llevar una vida de acuerdo a esta gran dignidad de Cristianos.

El obispo verbalmente autorizó esta experiencia haciendo énfasis en la importancia de estar en todo unidos al Párroco, consejo que se siguió al pie de la letra durante la permanencia en este lugar y se conserva hasta la fecha en los lugares donde la Fraternidad hace presencia.

Pronto se pide a los primeros hermanos ayudar en el proceso de Nueva Evangelización en otra Diócesis en la cual inicia propiamente la vida comunitaria de aquellos que desean consagrar su vida en la vivencia de los Consejos Evangélicos y el fortalecimiento de los laicos que cada día son más y quieren unirse en esta experiencia de seguimiento de Cristo al servicio de los más pobres.

La recomendación de aquel Obispo de hacerlo todo unidos al Párroco fue una bella consigna que ha acompañado a la Fraternidad siempre, la labor apostólica y misionera fue intensa, la radio, la catequesis, la parroquia animando los grupos y sobre todo la calle en las noches socorriendo a los indigentes, un sacerdote asume el cuidado espiritual de los primeros hermanos y dispone todo lo necesario para su labor apostólica, con cuanto esmero y dedicación motivó a los primeros hermanos para su discernimiento vocacional, el Obispo pide a la pequeña fraternidad escribir lo que viven a fin de caminar en fidelidad y responder a lo que Dios les pedía en ese momento. Es así como nace la “primitiva norma de Vida” que evolucionará hasta llegar a ser el “Estatuto General” documento aprobado por la Iglesia con el que la Fraternidad cuenta hoy.

La necesidad de contar con espacios apropiados para desarrollar su apostolado y para la formación de los nuevos miembros lleva a los hermanos y hermanas a vivir un proceso de discernimiento que terminará en la opción de acudir a Bogotá donde tanta necesidad se vive en ese momento estableciendo allí la “Casa Madre” de la Fraternidad, por ser esta la primera casa donde se desarrolló el carisma en su mas pura esencia.

La ardua tarea que esperaba a la Fraternidad requería de una fortaleza espiritual mayor, Dios en su sabiduría infinita pone al lado de la Fraternidad la compañía de ilustres Jesuitas que con su consejo y disponibilidad afianzan la experiencia de la Fraternidad al servicio de los pobres, es importante resaltar la compañía de algunas Hermanas de Nuestra Señora de la Paz, fundadas por Monseñor Bernardo Sánchez, de quien los Hermanos de la paz reciben tantas luces en el camino de seguimiento de Cristo, estas hermanas con su testimonio y colaboración marcaron esta comunidad con bellos y significativos testimonios, al igual que el testimonio gozoso de las Misioneras Lauritas tan cercanas a esta Fraternidad.

Rodeados de tantos discípulos del Señor, los hermanos de la paz caminan con profundo espíritu de servicio dando respuestas a las llamadas amorosas que reciben diariamente del Señor por boca de los más pobres, este caminar vivido entre fidelidades e infidelidades, ha motivado en los hermanos un deseo de servicio y radicalidad cada vez mayor, muchos pasan por la Fraternidad y siguiendo este estilo de vida descubren la presencia amorosa de Dios en su historia personal, muchos se quedan, otros descubren que ese no es su lugar, entre luces y sombras se construye la historia de esta familia espiritual, la comunidad se ha construido con la base de los aciertos y los desaciertos. La experiencia solo la da los tropiezos que ayudan a evaluarse y a corregirse.

Es en este espacio donde la Fraternidad echa raíces, se estrechan vínculos y se ve enriquecida con la llegada de nuevos hermanos y hermanas que han perseverado en este camino de seguimiento, la ayuda a los niños, a los portadores de VIH, a los ancianos, aportan a esta Fraternidad una gran madurez y convicción en la respuesta que dan al Señor.

 

Pronto se inicia un camino de testimonio en otros lugares de Colombia donde los Hermanos son invitados a predicar o simplemente a compartir su experiencia de vida.

La comunidad requiere mayor radicalidad y expansión a juicio de los propios hermanos y respondiendo a la invitación de Monseñor José Victoriano Naranjo del Ecuador, se inicia un proceso de discernimiento para avanzar en el campo misionero fuera de las fronteras de Colombia.

El fuerte acento que tiene en esta Fraternidad el servicio de los pobres, fue confirmado en el Ecuador, aunque en Colombia las condiciones de pobreza son grandes, en Ecuador se entrelazaron varias realidades que permitieron ver con claridad a los Hermanos la importancia de su presencia en este país. La sencillez de su gente campesina e indígena, la belleza de sus campos, la gran necesidad de obreros en esta viña, motiva a los hermanos a adentrarse en los andes Ecuatorianos y vivir su vocación en una nueva cultura guardando siempre los lazos fraternos con sus hermanos y hermanas de Colombia quienes se comprometen aún más con la obra ayudando desde sus plegarias y desde posibilidades materialmente esta iniciativa comunitaria. Los vínculos se estrechan aún más, y tanto Colombia como Ecuador continúan dando su respuesta al Señor desde este Carisma.

Pronto en Ecuador los Hermanos descubren la paternidad de Monseñor José Victoriano y su gran ayuda de Padre, Pastor y Obispo para la comunidad, y a su lado se vive el proceso de refundación de esta Fraternidad llegando a recibir la aprobación oficial de la Iglesia el 25 de Octubre de 2007.

La labor apostólica con ancianos pobres, el trabajo constante de los hermanos en diferentes áreas de la pastoral, los hace entrar en constante relación con la realidad de este pueblo tan lleno de Dios y tan necesitado de Él.

La cercanía con otras comunidades hace valorar cada día más el don de la propia consagración, también en este tiempo las batallas son fuertes a nivel personal y comunitario, se viven fuertes cambios requeridos por Dios para desapegar a los hermanos de cualquier seguridad que no sea Él mismo. Procesos dolorosos pero necesarios en el crecimiento de una comunidad.

Pronto la Iglesia concede a los Hermano de la paz un don inestimable, el Sacerdocio Ministerial, para algunos de sus miembros. Con esta gracia se abre en la Fraternidad la bella oportunidad de servir en el Ministerio Sacerdotal; el carisma de los Hermanos de la paz se ve enriquecido por este don.

La fecundidad de la experiencia vocacional de los hermanos de la paz es cada día mayor, pronto llegan las primeras vocaciones Ecuatorianas y la familia crece y se expande.

El camino está por delante, la historia se sigue escribiendo y quienes de unan a esta Fraternidad serán parte de esta historia de amor que Dios está escribiendo en su Iglesia.

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